Como te conviertes en la oscuridad que has jurado combatir?
El camino a la oscuridad no está marcado. No sigues toda tu vida un sendero y en algún punto simplemente te desvías. Nadie te empuja fuera del camino de lo que los crédulos llaman “el sendero de la luz”.
Hay una línea que cruzas. Esa línea que va a tu lado todo el camino. Solo necesitas un paso en falso para convertirte en un monstruo. Para convertirte en mí. Debes flaquear. Debes perder tu fe y esperanza. Para convertirte en un monstruo no debes hacer más que desearlo y simplemente dar un paso al otro lado.
Mi madre murió frente a mis ojos debido a los vicios del hombre. No soy el primero que ha visto eso, no seré el último. He perdido a mi hermana debido a la avaricia de otros, todos perdemos a quienes amamos tarde o temprano. Eso no fue lo que me impulsó a convertirme en esto que soy ahora.
No has sido siquiera tú, quien me ha hechizado para caer bajo tu total control. Lo cierto es que yo mismo he permitido hacerte creer que tu embrujo me controla.
No se quien soy siquiera. No sé que parte de mi ser es la sombra que utilizo y controlo como maestro, y a cual parte le soy esclavo. Soy una sombra en un mundo de luces…
Recuerdas cuando lograste dar conmigo esa primera vez? Tus ojos verdes me sedujeron. La promesa de tus caricias me convirtió en tu esclavo. No fue la magia de tus palabras, fue la magia de tu ser. Fue simple realmente, poner en práctica todas mis habilidades, desarrolladas con el motivo de la venganza, para lograr tus propias metas.
Acabar con el estúpido mitad orco que acosaba tus pasos fue el primer paso.
Era media noche en el campamento improvisado de la bestia. Sus cantos de guerra y el hedor a carne a medio ranciar inundaban el aire. Yo le había rastreado por 3 días sin descanso. Recuerdo perfectamente mi frustración al descubrir que tal bestia tan simple era tan veloz.
Me acerqué a esa fogata abiertamente, sin ocultar mi presencia. No sería más que un trabajo sucio más. No habría necesidad de musitar palabra alguna a la bestia.
Cuando finalmente apareció ante mis ojos, su extrañamente rojiza piel parecía arder con el mismo brillo del fuego frente al que se sentaba. Al verme, este desveló sus afilados colmillos con una sonrisa macabra, y en sus ojos ya se encendía el brillo de la batalla.
“Finalmente has llegado, Daedelath. Estoy decepcionado. Pensé que me habrías encontrado hace ya mucho.” – Dijo con su voz resonante justo tras de detener esos cánticos Malaritas. “Acabemos ya con esto, lobo.” – y tomó su enorme hacha con ambas manos mientras se ponía en pie.
Le mostré mi sonrisa. “Curioso. Para ser una bestia salvaje, manejas relativamente bien el hacha. Casi pareciera que la usas como un arma.” – El primer paso sería enfurecerlo. Hacerle perder toda capacidad de raciocinio. Descubrí que sería mucho más fácil de lo que pensé cuando su aliento putrefacto nublaba mi vista y su hacha estaba a escasos centímetros de mi cuello.
Paso dos. Destruir su espíritu de combate.
Tuve entonces que liberar de sus fundas mis cimitarras gemelas. Durante todo el tiempo que le estuve siguiendo y esperando un momento de descuido, nunca había visto a la bestia moverse tan a prisa. Supongo que todos tenemos nuestros secretos.
La lucha fue más difícil de lo esperado. El bárbaro media sangre se movía con más velocidad de lo anticipado. Cada golpe de su enorme hierro requería que yo las desviase con ambas armas, sin dejarme tiempo para contraatacar, pero si mi ama deseaba su muerte, su muerte tendría.
El primer golpe tras el movimiento inicial fue obvio. Un corte horizontal buscando mi pecho. No tuve más opción más que saltar hacia atrás para evitar una muerte prematura. De haberlo bloqueado probablemente habría perdido una de mis cimitarras junto con mi brazo.
El segundo movimiento fue igual de predecible, e igual de letal. El corte esta vez sería un movimiento vertical, buscando partirme en dos iniciando por mi cabeza. En el templo aprendí a detener estos golpes cruzando las cimitarras y recibir con ellas el peso entero del ataque. Una maniobra estúpida cuando te enfrentas a algo con la fuerza de un dragón.
Y descubrí el nivel de estupidez de la maniobra cuando escuché ese crack proveniente de mi brazo izquierdo. La maldita bestia logró dislocarme el brazo de un solo movimiento. Yo mismo estaba perdiendo el segundo paso, y si no actuaba pronto perdería mucho más que eso.
Dejé por un segundo escapar mi miedo, y solo ese momento necesitó esa bestia para olfatear mi duda. Aprovechó y conectó directamente su pie en mi estómago, enviando mi cuerpo al suelo como un tronco viejo.
Rueda pensé, y antes de terminar de pensarlo, ya veía venir el hacha directo a mi pecho.
Sabes, antes solía tener el cabello más largo.




